Cuaderno de Bitácora (agosto 2017)

***Día 1. Viaje a Sao Miguel. Islas Azores.

Emocionante. Nos encontramos todo el equipo en el aeropuerto. Algunas caras nuevas y otras veteranas. La sonrisa perpetua de todos…..¡comienza nuestra aventura!

Al llegar a Ponta Delgada tenemos a nuestro guía esperándonos en el aeropuerto para trasladarnos al hotel. El hotel es fantástico. Es de noche y mañana empiezan las sorpresas…

***Día 2. 

Hoy ha sido un día espectacular. Al despertar por la mañana y abrir las cortinas de la habitación, aparece Ponta Delgada y todo el océano ante los ojos. Bajamos a desayunar, donde nos juntamos todo el equipo. Un buen desayuno abundante para coger fuerzas y no decaer en la ruta. ¡Allá vamos!

Comenzamos la ruta viendo lagos, lagunas, el océano, la intensa vegetación de la isla, tan verde y floreada. El grupo de aventureros es perfecto.

Tras muchas lagunas volcánicas, parajes alucinantes, vistas a la costa, etc…nos sorprendemos ante la vista bajo nuestros pies de una colección de lagos impresionantes, destacando dos de ellos por su tamaño y color: uno verde y otro azul, contrastando con el intenso azul del océano al fondo.

Pretender describir este espectáculo estático natural me resulta imposible….es hipnótico…

Comemos en la orilla de uno de sus lagos, a la sombra de los árboles, relax y buen rollito, tratando de tatuar en nuestra mente esa imagen como de cuento que acabamos de contemplar.

Volvemos a Ponta Delgada y tenemos City Tour para conocer la capital y su historia, sus edificios y demás… y  los rincones más emblemáticos.

Vuelta al hotel y bañito en la piscina del ático. Mañana probaremos la piscina del Spa. (es más grande y cabremos todos).

Nos duchamos y nos acicalamos, que parecemos otros. Nos dirigimos paseando hacia el centro deportivo para cenar todos juntos. El restaurante tiene una ubicación perfecta, pero hemos aprendido que el servicio de restaurantes es muy lento para lo que estamos acostumbrados, hay que cambiar el chip e ir antes de tener hambre. Se rumorea que la tardanza ha sido por el arroz de marisco que estaba riquísimo, pero como no hay certeza de ello, …..Chsssst….(¡chitón!)…ha valido la pena…

La cena es estupenda y los exquisitos postres abundan en la isla, ya que hay muchos pastos de vacas lecheras. Tartas de todo tipo y pastelitos típicos.

La gente en esta isla es siempre muy amable y dispuesta a entenderte, pese a la barrera idiomática. Viven relajadas, no hay estrés, y eso se refleja en sus caras. ¡Me encanta!.

Hoy ha sido un día redondo: la experiencia, el grupo, los paisajes…..¡Alucinante!

Parece que nos conozcamos hace siglos: de repente nos sorprendemos con frases como:

-¿os acordáis cuando nos conocimos?

(nos miramos, …….y es que fue ayer….)

 

***Día 3.  

La subida al pico más alto de la isla es una ruta en la que vamos viendo los diferentes puntos, esquinas y acantilados de la isla durante todo el ascenso. Esta sensación de “ubicación geográfica”es impresionante.

Afortunadamente ha habido nubes alternas durante el ascenso, lo que nos ha ayudado a poder hacerlo sin dificultad y, además, hemos podido disfrutar de las vistas de una manera curiosa, casi como orquestada, con claros entre las nubes de manera alterna. Es como si se tratara de una obra de teatro en la que el telón se va abriendo por momentos en diferentes puntos, para así dirigir el enfoque al sitio exacto donde debemos mirar para admirar el paisaje que nos indica.

Hemos comido en un paraje precioso con cascadas al bajar de la ruta, en un árbol junto al río, donde nos hemos podido relajar metiendo los pies. Había una cascada rodeada de las flores habituales de la isla, y otra escondida por detrás, a pocos metros de esta. Precioso, como todo en esta isla…  La flor más abundante es la hortensia, hay millones de ellas y es lo que usan para hacer los cercos. Las vallas no existen, son arbustos de hortensias floreadas.

Llegamos al hotel para darnos un bañito en el Spa y el Jacuzzi, a nuestro estilo (gamberro), y es que cada vez somos más gansos.

Más tarde salimos a pasear hacia el centro para cenar más productos azoreños, para deleite de nuestros paladares. La mitad del equipo ha caído antes de la cena debido a la intensidad de emociones que hemos vivido durante la ruta.

Hoy hemos comprobado que lo del tiempo estimado para servir una cena es lento en general en la isla, una hora y pico, así que no se trata de si te pides un estupendo arroz de marisco ya que, te pidas lo que te pidas, van a otro ritmo. No nos importa: estamos en el paraíso.

Nuestra expedicionaria más junior ha descrito el día  como “un día redondo al que no se le puede pedir más”, y tiene razón: no cambiaría nada del día para hacerlo mejor.

Mañana nos esperan cascadas nuevas, preciosas vistas, baños en pozas, con el equipazo de “AZORERS” que somos.

 

***Día 4. 

Nos hemos trasladado a la otra punta de la isla, a una hora y pico de camino, lo que para los de aquí supone un viaje larguísimo.

En el camino hemos disfrutado de los ya habituales espectaculares paisajes que componen esta isla paradisíaca. Hemos hecho paradas en algunos miradores, para poder inmortalizarlo todo.

Comenzamos la ruta en un entrañable pueblito pesquero, por un camino de piedras encastradas con un desnivel muy importante, pero que conseguimos superar con el buen humor e ilusión que nos caracteriza a todos. La ruta ha seguido por una zona de densa vegetación floreada y alta, como una selva colorida. Hemos probado los tallos de las flores que podemos comer para recuperar energía y  tienen un sabor similar a los palitos de gelatina, dulzón y refrescante.

Seguimos caminando y nos encontramos con una bonita cascada con zona de baño donde, como niños en el recreo, no hemos dudado en ponernos los bañadores y meternos a chapotear, subir trepando un tronco, colocarnos bajo la cascada….la sonrisa de todo el equipo ha sido contagiosa. Muchas fotos para inmortalizar ese momento, ese momento que siempre vamos a recordar.

 

De vuelta hemos comido en el pueblecito en círculo, apenas sin hablar, sólo mirándonos los unos a los otros, conectando nuestras mentes con el intenso chapuzón que nos habíamos dado, sonriendo de oreja a oreja. Luego hemos tomado café en el bar de al lado (en los pueblos 0.60cts el café y 0.80cts un dulce típico). El dulce típico es una especie de pastelito de crema en tartaleta, que te lo calientan….mucho…en el horno…y que las ganas de hincarle el diente (dos veces) le costó a uno de nuestros expedicionarios una quemadura, en primera mordida, en el paladar y en segunda mordida en la lengua.

De regreso al hotel, hemos hecho una parada para conocer unas furnas, chimeneas volcánicas con inteeeeeeeenso olor a azufre donde, curiosamente, meten sacos de maíz para cocerlo y ponerlo a la venta y que, al parecer, está muy rico.

Hemos cenado en el restaurante del hotel. Son muchos días intensos y el ascenso de hoy fue duro, pero la recompensa de esa cascada y ese bañito en ese ambiente, valió mucho la pena…¡mucho!.

Mañana vamos a navegar y estamos todo el equipo emocionados. Cabe destacar que ya somos como una familia y ya pensamos en la pena que nos va a dar cuando esto se acabe.

…y todos al unísono descojonados de la risa, al grito de “Öo-hhhh”, palabra mágica que vale para todo en esta paradisíaca isla (portugués azoreño básico nivel 1)

 

***Día 5.

Comenzamos el día con la emoción de dirigirnos al mar a ver ballenas y delfines. Nos dan una clase, nos equipamos y partimos todos juntos en una Zodiac.

¡La experiencia ha sido BRUTALMENTE ALUCINANTE para todos!

Además de ver una ballena con su ballenato, pudimos alcanzar a ver cómo un cachalote se sumergía para ir en busca de comida, mostrándonos su impresionante cola.

Aún más impresionante que eso, ha sido la experiencia de surfear las olas con la Zodiac: las risas, los “grititos”…¡¡¡era tan contagioso!!!. Hacíamos más ruido que un grupo escolar en un parque de atracciones en día festivo, y eso que sólo éramos 12 en la lancha. (carcajadas…choff…carcajadas…ploff…jijiji…chaff..jajaja…ay!..)

Paramos a comer en un restaurante local de la zona, en el puerto, con vistas al mar y un pescado buenísimo (y un servicio rápido, por primera vez). Tras la comida nos dirigimos en un barco-bus  hacia el islote de Vila Franca, una pequeña isla conectada al mar por uno de sus lados, formando así en su interior un perfecto lago salado, con aguas de color aguamarina e intensa vegetación alrededor, lo que hace que sea un paraje exclusivo y totalmente envolvente e hipnótico….la temperatura del agua es perfecta y se pueden ver muchos peces en son de paz.

Después nos hemos vuelto a trasladar al puerto para zarpar de nuevo en nuestra zodiac para intentar avistar delfines y, aunque hoy no ha sido posible, hemos continuado con nuestra diversión a bordo saltando las olas.

Aunque hoy no hayamos andado, tenemos más agujetas que el resto de días, sobre todo en las mejillas y el estómago, de tanto sonreír.

Hemos cenado junto al hotel, en una sencilla terraza de un centro comercial. Aunque parezca mentira, es el sitio donde más rápido nos han servido desde que llegamos, y tiene comida de todo tipo.

El equipo está agotado, demasiada descarga de adrenalina a lo largo del día.

Otro día que describiríamos como el islote de Vila Franca: redondo.

 

***Día 6. 

Aquí cuando uno piensa que cada día que hemos vivido es el mejor, viene otro día que nos sorprende aún más y que mejora con creces nuestras expectativas.

Hemos iniciado la ruta con una subida bastante prolongada pero con vistas intermitentes de la maravillosa costa de Sao Miguel. El contraste de su vegetación con tantas tonalidades de verdes, con su flora, tan variopinta y multicolor, con el intenso azul del océano y  del cielo…es absolutamente abrumador….esta es la verdadera identidad de esta isla, la isla verde y de las mil flores.

Cuando llegamos arriba nos encontramos con un inmenso lago rodeado de montañas y vegetación, sin palabras (y eso no me suele pasar a menudo). Hemos descendido para llegar a él por un floreado camino hasta una playa de arena, desierta en pleno mes de agosto. Pegarse un baño allí en esas circunstancias, creo que es la descripción más parecida a lo que vendría siendo vivir en el cielo.

Hemos estado nadando, jugando y riéndonos, como es costumbre en este equipo. La peque del grupo da ideas de juego, excusa perfecta para empezar todos a jugar, pero me temo que acabará riñéndonos ella a nosotros por “gansos”.

Después del baño y de un merecido descanso en la arena de la playa tumbados al sol, hemos continuado nuestra ruta por el otro lado de la montaña, descendiendo hacia la costa, para nuestro deleite fotográfico, que aquí toooodo es como un cuadro, mires a donde mires, todo es inmejorable.

Nos hemos dirigido en el bus hacia un precioso puerto pesquero donde comer, con una zona de picnic y una zona de baño, donde nos hemos podido dar otro chapuzón, esta vez salado y con un malecón desde donde lanzarnos en bomba al agua.

Aquí la temperatura del agua siempre está bien, da igual que sea en lago que en océano. No me explico cómo, pero es así.

Hemos regresado al hotel para arreglarnos y dar un paseo por el centro. Hoy toca compra de souvenirs y cena azoreña en un restaurante del centro, ya que mañana nos tenemos que acostar prontito.

Y como cada día sólo me cabe una descripción: un día inmejorable con el equipo perfecto en el sitio idóneo.

 

***Día 7. 

Iniciamos el día visitando una fábrica de té, sus plantaciones y la curiosa y ancestral manera con la que siguen explotando y produciendo este té.

Luego hemos comenzado nuestra ruta costera de hoy, entre altos maizales y miradores frente al océano. En el camino nos hemos topado con miles de parapentes disfrutones; al parecer esta zona de la isla es conocida internacionalmente para la práctica de este deporte. Los miradores se suceden uno tras otro, y tener el horizonte delante en este día tan bonito, nos proporciona una indescriptible sensación de libertad y paz.

Cierra los ojos y respira. Abre los ojos y quédate sin aliento. Así es esta isla.

Hemos llegado a una playa volcánica de mar abierto, inmensa y semi-desierta para después ascender entre densa vegetación floreada y alegre, como es habitual, hasta llegar al pueblo de Maia, donde hemos hecho nuestro picnic en un chiringuito sobre el mar y posterior chapuzón de rigor y pastelito típico de postre, también de rigor.

Al volver al hotel nos hemos vuelto a reunir en el Spa, hoy es el último día, así que hay que aprovechar.

Hemos vuelto a cenar prontito en la terraza del supermercado que hay cerca del hotel. Mañana nos tenemos que levantar a las 4 de la mañana para ir al aeropuerto y dirigirnos a pasar el día a Lisboa.

Es un día triste para todos…mañana se acabará la aventura.

 

***Día 8. Lisboa y regreso a Madrid.

Madrugón. Arriba a las 4 de la mañana. A las 5 viene el bus a recogernos para ir al aeropuerto. Es de noche y no se ve la costa desde la habitación. Adiós, Sao Miguel, aunque no pueda verte.

Pasamos el día de turismo por Lisboa. Aunque la sonrisa no cesa, nuestras caras han cambiado: tristeza y melancolía…aunque creo que el madrugón acrecenta este gesto.

Hemos comido bastante bien en una terraza con muy buen precio para grupos y un menú estupendo, ni que mencionar sus tartas de postre.

Después de comer hemos dado un paseo hasta coger el metro de nuevo para volver al aeropuerto. Se acaba.

El aeropuerto ha resultado agotador, entre el sueño y la melancolía parecía que se nos había escapado el sueño entre las manos…..AZORES…nuestra isla paraíso….

Pero seguimos andando… ¡y con la mochila lista para nuestra próxima aventura!

SAO MIGUEL 2017. AZORERS VIP TEAM. ÖO-HHH! (GRACIAS)